"La CGT ha muerto, vivan los trabajadores"

Llegué tarde a la plaza, o mejor dicho, llegué a la hora correcta. La indicada por todos los medios de comunicación y que la CGT dio a conocer oficialmente. 

Por CARLOS BALMACEDA 

Notaba, con desconcierto, que las columnas iban y venían, se cruzaban, parecían irse algunos, sobre todo, los que habían venido de las provincias.

Daba la impresión de una concentración invertebrada, donde los radicales de FORJA y Los irrompibles se movilizaban en la cola de la marcha cuando ya las columnas de la izquierda daban vueltas por el cabildo. Fui y vine por la diagonal, me crucé con perdidas corrientes de izquierda que también se marchaban, no que marchaban, y muchos sindicatos que llegaban y se iban. 

¿Dije invertebrada? Buena palabra para definir lo que pasó, por adelantar una hora el acto sin avisar, por hacer tres discursos pálidos de 10 minutos sin definiciones, ni siquiera se podía contar cuánta gente había ido, y todo el espíritu del reclamo se deshacía con la misma dispersión de la convocatoria. 

La CGT había decidido desinflar la marcha, jugar a las escondidas con los 300.000 trabajadores que concurrieron, y no dar la cara, porque si lo hubieran hecho a las 4 de la tarde, con la multitud enterada y al pie del palco, no hubieran podido bajarse. 

Todos sabemos que el palco de un acto es el símbolo de la fuerza,  que los bombos y las banderas y los íconos, los parlantes, los micrófonos, quiénes están y no están, son de por sí una definición política. Hoy no había nada allí, Nada. Porque la CGT decidió que no hubiera nada. 

Se notó que convocaron a la marcha con la misma convicción con la que Caruso Lombardi se peleó alguna vez por la calle para las cámaras.

Esta dirigencia es tan neoliberal como el gobierno: viven como neoliberales, piensan como neoliberales y se sienten a gusto en un clima neoliberal. Solo les ha tocado un papel distinto a los gerentes y los ceos, pero ahora, presionados por las bases, no saben cómo plantarse frente a sus patrones y cómo seguir engañando a sus mandantes.

Daer está en estos momentos preso en el sindicato de comercio, y ya todos podemos decir "yo te vi correr por la avenida y esconderte".

Lo que pasó hoy, pese a la bronca que generan estos traidores es histórico: no recuerdo que esto pasara con Alfonsín, no recuerdo que esto ocurriera con Menem, cuando Moyano era un dignisimo resistente al neoliberalismo, ni con De la Rúa, no recuerdo que ocurriera con Nestor ni con Cristina, a la que se le hacían paros con un país que alentaba al consumo interno y favorecía en la distribución a los sectores populares.

Es histórico porque ocurrió en el Gobierno más crasamente neoliberal de nuestra democracia moderna, es histórico porque la columna vertebral del peronismo, se invertebró, adelantó la hora para que hubiera menos gente, hizo discurso brevisimos, llenos de lugares comunes, y se escapó corriendo cuando las bases pidieron sus cabezas. Es claro que este hito del movimiento sindical argentino nos conduce a otra situación, es la llave que abre nuevas bases y que pide a gritos nuevos dirigentes.

Hoy la CGT murió. Quizas mañana encarne en otros luchadores leales al pueblo. Pero por hoy podemos decir "la CGT ha muerto, vivan los trabajadores".
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